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La palabra del día: OFNI

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© Javier Sanso / ACCIONA 100% EcoPowered

La pasada noche, Tanguy de Lamotte colisionó con un OFNI. No, Tanguy no se dio de bruces contra ningún extraterrestre, pues no hay que confundir un OFNI (objeto flotante no identificado) con un OVNI (objeto volador no identificado). Chocar contra un OFNI puede acarrear consecuencias muy graves, tanto para el barco como para los navegantes. Por suerte para el patrón del Initiatives coeur, no parece que su encuentro haya traído graves daños a su velero. Pero otros navegantes de esa Vendée Globe no tuvieron tanta suerte. Vincent Riou (PRB) se vio obligado a retirarse a consecuencia de una colisión contra una baliza de amarre a la altura de Brasil; Jérémie Beyou (Maître CoQ) vio cómo se rompía el sistema hidráulico de su quilla por un choque contra uno de esos objetos no identificados; a Bernard Stamm (Cheminées Poujoulat) le arrancaron uno de sus hidrogeneradores y le dañaron el otro; y Javier Sansó (ACCIONA 100% EcoPowered) perdió un trozo de su timón de babor por una colisión de ese tipo.

OFNI puede ser cualquier cosa. Muchas veces flotan entre dos aguas, apenas visibles desde la superficie, como los contenedores caídos desde los mercantes o los growlers, esos hielos flotantes desgajados normalmente de los icebergs, sus hermanos mayores. Pero también pueden serlo un gran trozo de madera, como el que esta noche ha golpeado a Tanguy de Lamotte, o un cetáceo. Si los OFNI son tan temidos es porque no pueden detectarse por radar. Para intentar verlos, hay que mantener una vigilancia constante en cubierta, algo imposible en el caso de un solitario. Hay que confiar, pues, en la buena estrella.

Grégoire Duhourcau

 

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